Pasábamos las horas lo mejor que podíamos. Tratábamos de llevar una vida lo más normal posible. Buscábamos por doquier algo de rutina a la que aferrarnos pero las llamadas telefónicas de tanta gente que buscaba información lo hacía muy difícil. Tuve que dejar de tomar café ya que no aguantaba con dolor de estómago.
Poco a poco casi sin darnos cuenta llegamos a la puerta de la UVI de la Zarzuela. Una vez más recibimos las mismas noticias terribles y alargábamos el sufrimiento un poquito más. No eramos conscientes de que por la tarde nos pondrían a prueba. Esa mañana estaba en la UVI la Dra. Ladrillo y nos dijo que por la tarde le harían un TAC a David ya que querían ver la actividad cerabral ya que tenían serias dudas del funcionamiento de su cerebro. Esa tarde volvimos a la UVI con mi padre, mi hermano Alvaro y mi cuñada Miriam. Una vez más demostraron lo importante que es estar con tu familia en esos momentos. Al abrir la puerta la Dra. Ladrillo se nos vino el mundo abajo. Su expresión no era dura sino abatida. Sin adornarnos el diagnóstico no dijo que las imagenes del TAC desvelaban una trombosis general venosa pero que debido a la discordancia entre la valoración de algunos médicos preferían hacerle un Angio-TAC. Debido a mi trabajo sé que el angiotac percibe la información de forma dinámica y en estos casos de duda permite hacer un diagnóstico más preciso. Al terminar el tiempo de visita de la tarde nos dijeron que esperáramos para informarnos del resultado. A la puerta de la UVI nos vinimos Estela y yo abajo, pero ahí estaban ellos, mi padre, mi hermano y mi cuñada para no dejarnos caer. Recuerdo esos momentos como los más absurdos de mi vida. Salimos a los bancos de la calle y allí pasamos aproximadamente una hora en la cual pasábamos de la risa más histérica a los llantos generales. Creo que pasaron varias personas por nuestro lado y tenían claro el diágnostico: "locura alcohólica". Uno tras otro íbamos diciendo cosas cada vez más absurdas. Así pasamos el tiempo y cuando creíamos que ya no podríamos más llegó la hora de la verdad. Con los pier arrastrando por el suelo, como si nos pesaran 50 kg cada uno, avanzamos por los pasillos de la Zarzuela hasta llegar a la puerta de la UVI. En ese momento apareció la camilla con David y la Dra. Ladrillo con una sonrisa que no le cabía en la cara. Pensé que ella también se había vuelto loca ya que fue la primera y única vez que la ví tener una respuesta sensible. Francamente comprendo que tengan que cuidar sus sentimientos y el distanciamiento con los pacientes es imprescindible pero también lo es la humanidad, los sentimientos y el afecto como nos demostraba a diario Mabel. Bien, la Dra. Ladrillo se nos acercó con una sonrisa de oreja a oreja para decirnos que el angiotac había demostrado una actividad vascular normal dentro del cerebro y que contradecía totalmente el diagnóstico del TAC anterior. No creo que pueda ser capaz de decir con palabras lo que sentimos en ese momento pero no olvidaré jamás la cara de mi padre. Pobre hombre, a su edad nadie debería sufrir algo así y él quiso involacrarse al máximo por su nieto. En ese momento surgió un vínculo entre ellos dos que va más alla de ellos mismos. Mi padre decidió ese día querer a David más que a nadie y todos los días le da todo el cariño que tiene. Nosotros gritamos, saltamos, nos abrazamos a mi hermano y a Miriam pero tuvimos que volver a la realidad que era que David se iba apagando poco a poco. Mi madre y mi hermano Ismael que estaban en la Clínica trabajando estaban al corriente de lo delicado de la situación y habían llamado a varios amigos que estaban en ese momento con ellos esperándonos en la casa de mis padre por si tenían que venir a la Clínica a estar en esos momentos tan duros. Cogimos el teléfono y llamamos a mi madre la cual no paraba de llorar de alegría. Cogimos el coche y nos volvimos a dejar a mi padre en su casa.
Ese día David demostró que no todo estaba dicho en su caso y que empezaba a ganar la batalla al coma aunque todavía no se lo creían los médicos.
JUEVES:
Una vez más Estela y yo nos encontrábamos dejando a la niña en el colegio, saludando a la gente lo mejor que podíamos y tratando de no encontrarnos con amigos que se interesaran por el estado de David. Subíamos la calle como si nos persiguiera el diablo, casi sin mirar a nadie pero Mª Jesús nos hacía volver a la realidad saludando una a una a sus amigas.
Dejamos a la niña en la puerta del colegio y tras coger el coche nos refugiamos en nuestra rutina hospitalaria: M-30 camino al hospital, aparcamiento en la Zarzuela, espera en la entrada de UVI y reconocimiento del terreno. Siempre nos acercábamos a la puerta (con el mismo dolor de estómago) para ver quien sería nuestro "médico-comunicante", sería el Dr. Sombra, sería la Dra. Ladrillo y sería Mabel. Sólo con recordar el nombre de Mabel nos alegramos y pensamos qué será de ella. Ha pasado ya mucho tiempo y hemos vuelto infinidad de veces a la Clínica y no la hemos visto. Si alguna vez lees estas líneas que sepas Mabel que nosotros nunca olvidaremos tu humanidad y cariño con los que nos trataste. La verdad es que tampoco olvidamos el sempiterno semblante apagado del "Dr. Sombra" ni la sinceridad apabullante de la Dra. Ladrillo. La verdad es que cuando ves en la TV al Dr. House piensas qué imaginación tienen los guionistas para escribir historias y luego te das cuenta que quizá es que ellos han sufrido algo parecido y sacan sus ideas de la vida real.
En la sala de espera había un hombre joven más o menos de la misma edad que yo al que habíamos visto los días atrás. Su hija estaba en la UVI y acudían él y su mujer a verla. Ese día estaba solo. Siempre recordaré su cara de tristeza absoluta. Qué importante es estar con alguien al lado cuando estás en una situación así!. Seguramente ese día su mujer no pudo acudir por algo realmente importante pero allí estaba él aguantando el tirón.
Abrieron la puerta y allí vimos entre tubos a David. Inerte, rodeado de aparatos, pero vivo.
Nos acercamos conteniendo las lágrimas a su cuna y como siempre empezamos a hablarle y a contarle las cosas que habían ocurrido durante el día, cosas de su familia, de su hermana. Le cogíamos las manos, comprobabamos que estuviera bien. Vimos que tenía vendados los pies y pensamos que era por el frío, David siempre ha sido muy friolero igual que su madre y Estela siempre le abriga mucho, muchísimo más bien. Como siempre se acerco uno de los ángeles de David en forma de enfermera a contarnos que lo cuidaban muy bien, que le daban mucha crema por el cuerpo y vaselina en los labios. Lo cierto es que no está pagado con dinero la implicación de estas personas y el cariño con que nos trataron los 13 días de UVI.
Cuna por cuna fue pasando el Dr. Sombra hasta que nos tocó a nosotros. No cambió el semblante en todo el recorrido, lo mismo daba el parte de un problema de corazón que de una tosferina. Al llegar a nuestro lado frunció el ceño y nos contó con su habitual "alegría" que David iba empeorando poco a poco. Sus transaminasas subían y que cada día que pasaba aumentaba el daño cerebral. Seguían sin poder administrarle fármacos para proteger el cerebro por temor a dañar aún más el hígado. Su pronóstico era el de siempre, esperar, esperar y esperar. Esta experiencia nos volvió a Estela y a mí personas con mucha esperanza, pero esperanza en qué, ¿en la recuperación total de David?, ¿en la supervivencia del niño?, ¿en la medicina?......
Simplemente esperanza......
Menos mal que la esperanza no cuesta dinero si no, nos hubieramos tenido que embargar 20 o 30 vidas para pagar toda la esperanza que derrochamos.
El parte médico se completó con una información acerca de un montón de pruebas (biopsia muscular, sangre, etc) que le hacían a David para tratar de averiguar qué había pasado, algo que 4 días después no sabíamos. El Dr. Sombra nos informó que le habían hecho al niño un electroencefalograma y que el resultado indicaba una ausencia casi total de actividad cerebral. Creemos que lo hizo para irnos preparando de lo que él creía que sería el final de la historia pero en ese momento David hizo una de esas cosas a las que nos tiene acostumbrados. Mientras nos indicaba la profundidad del coma y su gran daño cerebral nos volvimos a mirar al niño y este abrió un segundo los ojos y nos miró para inmediatamente volver a cerrarlos. Fue como si nos inyectaran litros y litros de esperanza. Era como si David desde donde él estuviera nos digera "aguantad yo estoy haciendo lo que puedo, no os déis por vencidos". Ni que decir tiene que Sombra nos dijo que eso era algo totalmente involuntario y el coma tiene esas cosa. Qué mas daba, ya no le oíamos, David nos había pedido tiempo y nos había dicho que nos nos diéramos por vencidos. Con qué derecho ahora nos íbamos a rendir si nuestro hijo luchaba en primera fila contra un enemigo implacable que deseaba con todas sus fuerzas arrebatarnos a nuestro hijo.
Como siempre, el tiempo de la visita pasó demasiado rápido, pero ese día salimos un poco diferentes. Era la primera vez desde la noche del domingo que David se había comunicado con nosotros. En la puerta vimos al hombre de la entrada cabizbajo llorando sin un hombro amigo. Le dije a Estela que se acercara a hablar con él y casi no pude contener mis lágrimas cuando lo ví abrazado a Estela como si fuera alguien de su familia. Me sentí muy feliz de ver que teníamos fuerzas para consolar a alguien que también necesitaba como nosotros un hombro amigo.
Nos montamos en el coche Estela y yo y ese día supimos que superaríamos estos momentos tan duros pero lo que no sabíamos es que hasta salir de la UVI todavía quedaban muchos disgustos y dolores de estómago.
David nació el 1 de mayo de 2003 en Madrid. Segundo hijo en el seno de una familia feliz de Madrid. Mi mujer y yo disfrutamos totalmente de este embarazo ya que al ser el segundo, ya eramos unos "expertos" y teníamos menos miedo a lo desconocido. El 1 de mayo fuimos a hacernos una revisión ginecológica de control ya que entrábamos en la 38 semana de gestación y nuestro ginecólogo quería echar un vistacillo a David. Esa mañana mi mujer se despertó sin molestias y quedamos a comer con mis padres. Antes les llevamos a la niña para estar mas tranquilos en la revisión. La sorpresa fué que Estela presentaba una dilatación de 3 cm en el cuello del útero y la verla el ginecólogo nos dijo "qué guapa estás para quedarte y dar a luz". Esa tarde en lugar de irnos a comer nació David. Qué maravilla de parto!. Nuestra felicidad era plena, 3 años antes había nacido Mª Jesús y ahora ya estábamos completos. La parejita. Ambos sanos, preciosos y con ojos azules igual que yo. Qué más se puede dar a un padre!. Mi mujer había pasado un parto casi sin dolores, yo a su lado y los niños perfectamente.
En seguida David se adaptó a su nueva vida haciendo lo que debía, es decir, crecer. Igual que la niña tenía una salud envidiable y su única obsesión era comer y dormir. El pediatra de los niños se sentía igual de orgulloso que nosotros. Llegó el verano y decidimos irnos a la playa. Después de pensar en varios lugares nos decidimos por Ibiza ya que no lo conocíamos. Pasamos un verano estupendo los cuatro. Enseguida se acabaron las vacaciones. Poco a poco íbamos retomando nuestas vidas. El 15 de Septiembre empezaba Mª Jesús el colegio y debido a que era su primer año de "niña mayor" todos nos preperábamos para ello. El sábado vinieron a comer mis padres a casa y cuando se despertó David de la siesta ví que había vomitado en la cama una gran cantidad de líquido. Tras limpiarle y cambiarle de pijama nos dimos cuenta que el niño estaba pasando algo más que un simple vómito.
DOMINGO
Decidimos avisar al médico de urgencias ya que David seguía vomitando y ahora se había complicado con una descomposición. Al llegar el médico nos confirmó el diagnóstico de gastroenteritis pero nos dijo que no era muy fuerte y que el niño se encontraba bien hidratado. Nos recomendó dieta blanda y líquidos. Mª Jesús y yo nos fuimos a la farmacia de urgencia a comprar pañales y cereales de arroz. Esa tarde el niño empezó a recuperar el buen humor. La última caca que hizo fué normal con lo cual pensamos que ya estábamos al final de la enfermedad. Después de la cena el niño se durmió como un ángel. La verdad es que Estela no estaba muy tranquila y entraba a ver al niño cada 10 minutos. Yo estaba dando de cenar a la niña cuando oímos unos ruidos extraños que hacía David. Entró Estela a ver qué ocurría y salió con el niño en brazos. No creo que sea capaz nunca de olvidar la cara de susto de Estela y la cara azul de David. Los ojos y las fontanelas hundidas, los labios secos y azules. La mirada perdida. El tono muscular deprimido. No tardé ni cinco minutos en ponerme las playeras y llamar a mis padres que viven al lado (la verdad estaban muy preocupados) para que me recogieran e ir al hospital. Mi padre volaba por la M-30. Ibamos de camino al hospital de la Paz pero al pasar por el desvío de la carretera de La Corúña pensé que precisábamos ayuda y que debíamos ir a otro sítio más cercano por ese motivo nos desviamos camino a la Clínica de la Zarzuela. Al llegar a la yo ya no era yo. Ni mis padres eran ellos. David cada vez tenía peor aspecto. Salimos corriendo mi madre y yo y le dijimos a la recepcionista de urgencia que teníamos un problema con el niño. No nos hizo mucho caso pero mi madre insistió de una forma un tanto "ruidosa" para que nos atendiera alguien. En ese momento se acercó nuestro primer angel. Ella Elena, enfermera de urgencias fué la primera que vió el problema. Me dijo "venga conmigo". Yo la seguí pero yo ya no estaba en mí. La seguí como un perro sigue a su amo, sin pensar, con David muriéndose poco a poco. Al pasar por la puerta de un despacho médico vimos a la doctora hablando por teléfono. Elena gritó "Marta!!!!". Marta colgó inmediatamente el teléfono y me dijeron que les dejara a David y esperara. Esperar. Esperar. Yo ya era consciente de lo que pasaba. Ruidos de aparatos. Médicos corriendo hacia el box donde se encontraba David. Cuanta más gente pasaba peor me sentía. Mi padre sentado. Mi madre lloraba sin llorar. Siempre en esos momentos se ha comportado como la ayuda que siempre ha sido. Esperaba. Seguía esperando de pié. Como se lo podría decir a Estela y a Mª Jesús. Qué pensaban mis padres. De vez en cuando venía mi madre. Me cogía de la mano. Yo la sentía, pero yo ya no estaba en la clínica. Yo estaba en la playa en Agosto con David. Bañándome y jugando con los niños. Andaba en un una y otra dirección. Mi baldosa era mi casa, ahí delante de la puerta del box donde estaba David. Un mes antes había muerto un gran amigo de la familia y pensaba que David no quería vivir en un mundo sin Damián, pero yo no quería vivir en un mundo sin David. Todo el rato pensaba en eso. Después de mucho esperar ocurrió. -Por favor, venga conmigo-. Era Angustias, Dra. de la clínica y especialista en la UVI pediátrica. Al día siguiente se iba de vacaciones. Lo cierto es que ese día se las ganó como nunca. Me pidió que entrara en una consulta. No creo que olvide nunca su cara. Era una mezcla de sorpresa, cansancio y desanimo. Quería saber qué había ocurrido antes de la entrada de David en la urgencia. Le explique cómo se desarrolló el domingo y cómo se encontró Estela al niño al entrar en la habitación. También le dije que nos dimos la máxima prisa por llegar a la clínica. Por su parte después de escucharme aténtamente me informó de la situación. - Bien, tenemos al niño que ha entrado en una parada cardiorespiratoria de aproximadamente 25 minutos. Hemos logrado estabilizarlo pero ahora se encuentra en coma superficial. Estamos hidratándolo y las proximas 24 o 48 horas serán críticas. El problema es que no entendemos qué le ha hecho llegar a esta parada ya que aparentemente es un niño sano-. Por mi parte hacía ya tiempo que no la escuchaba. Me había quedado en la parada cardiorespiratoria. Pensaba en qué decirle a Estela cuando llegara a casa. ¿Qué había hecho mal en el cuidado de David?. ¿Por qué no había acudido antes al servicio de urgencias?. Muchas preguntas pero solo un tormento. Yo soy el culpable!. Pasado un rato volví a la conversación con Angustias. - Vamos a ingresar al niño en la UVI pediátrica, y en cuanto lo tengamos acomodado saldré a darte más información-. En ese momento apareció David en una cuna con ruedas. Le iban a trasladar a la UVI. Lo ví. No podré olvidarlo nunca. Estaba dormido. Al lado su chupete. Pero no podía ver su cuerpo ya que estaba lleno de tubos. Pensé si había alguna parte de su cuerpo sin pinchar. Estaba librando él sólo la batalla de su vida. Yo era una espectador. ¿Qué podía hacer?. Se lo llevaron rápidamente y no pude ni tocarlo. Nunca podré borrar de mi memoria esa imagen. Su cara era de absoluta paz, estaba dormido. Felizmente dormido pero no en su cama en nuestra casa, con su familia. Se me olvidó decirles que por la noche se despierta porque se le cae el chupete. Hay que ponérselo muy suavemente, acunarle y darle unos besos y se duerme rápidamente. Pensé que quizá esa noche no se despertaría a mitad de la noche. ¿Cuánto pude llorar esa noche?. Me acerqué a mis padres y los ví allí esperando con las caras desencajadas por la espera y el sufrimiento. Pensé que eran mayores para sufrir de nuevo algo así. Mi madre perdió a su primera hija y no hacía más que pensar que si nadie debiera pasar por lo que ella pasó una vez, qué sería ahora pasar por la misma situación pero ahora con un nieto de 4 meses. Lloramos juntos. Siempre están conmigo. Mi madre me decía -llora, llora, no te lo dejes dentro-. Y lloramos. De repente paré y pensé en cómo se lo podría decir a Estela. Ella se había quedado destrozada en casa con la niña. Yo pensaba en lo duro que debería de ser para ella pues sabíamos de la gravedad de lo que podría pasar pero ella estaba en casa. Pasado un rato nos fuimos a esperar a la puerta de la UVI pediátrica. Allí sentados, mis padres y yo, abatidos pero no hundidos. Esperando. Luchando al lado de David. Todavía no sabíamos lo duro de la batalla. Parece mentira que cumples años y cuando crees que controlas la vida viene un pequeñajo de 4 meses y te demuestra que no sabes nada. David allí dentro agarrado a un hilo de vida y no quería dejarlo escapar. Pasaban las horas entre llantos y sollozos. A las 3 de la mañana volvió a aparecer Angustias y me volvió a confirmar el estado de David el cual era estable dentro de la extrema gravedad y me dijo que las próximas 48 horas serían críticas para el niño. Todavía David tendría que luchar por su vida. El pobre debería demostrar que tenía muchas ganas de vivir. Me dejaron que viera al niño unos minutos. Abrí la puerta y me impresionó la paz que se respiraba. Debido a mi trabajo visito muchas UVI´s pero era la primera vez que visitaba una pediátrica. Todos los bebés dormían. Casi todos tenían múñecos al lado de las botellas de suero y pegados a los tubos fotos de la familia. Enseguida ví a David. Sólo. Sin fotos no muñecos pero con la misma cara de paz. Dormía. Le pedí que luchara. Que no se diera por vencido, que yo estaría siempre a su lado. Lo besé con la mano y me pidieron que no nos quedaramos esperando en la puerta de la UVI y que fueramos a casa y volvieramos por la mañana. Cogimos el coche y al llegar a mi casa se me cayó el mundo al pensar en Estela. ¿Qué le diría?. Me llevé a nuestro hijo y no lo traía conmigo. Estela abrió la puerta y se puso a llorar. La níña dormía plácidamente, como pudimos ahogamos nuestro llanto y cerramos tras nosotros la puerta del dormitorio. Ahí estalló el dolor que llevábabamos dentro. Lloramos y lloramos, nos culpamos tanto y tanto y por tantas cosas que casi ni me acuerdo. De repente me empezó a sangrar abundantemente la nariz. Me fuí al baño a cortar la hemorragia. Esa noche no pudimos dormir aunque lo intentamos.
LUNES
Por la mañana nos dimos cuenta que no era un sueño todo lo que había ocurrido. Tratamos de recobrar la normalidad de nuestra vida. Nos arreglamos, llevamos a la niña con mis padres y nos subimos al coche camino de la Clínica. Pusimos música y escuchamos el último disco que habíamos comprado hacía unos días. La letra de la canción decía "dime si estás aquí, dime si puedo creer en tí, dime si eres una ilusión... dime si vas a venir a por mí". Cada vez que la oíamos se nos llenaban los ojos de lágrimas. Hacía excasamente unas semanas habíamos ido con la niña a ver la obra de teatro de Peter Pan donde cantaban esa canción. Nos venían a la cabeza pensamientos felices de hacía excasamente unas semanas. ¡Cómo nos ha cambiado la vida en unos minutos! (nos repetíamos una y otra vez en el coche secándonos las lágrimas). Estuve hablando con Estela, necesita prepararla para lo que íbamos a pasar. Debido a mi trabajo conozco a los médicos de las UVI´s y sé que no son precisamente gente "con mucho tacto". Ya sé que trabajan continuamente en un contexto de dolor y desesperación y que eso les hace ser un poco insensible, pero es que esta vez eramos nosotros los que teníamos que recibir las noticias y David era el protagonista de esta historia. De repente sonó el teléfono, era mi amigo Marcelino Pérez Alvarez, al ver su llamada me sorprendió. Nada más descolgar el teléfono me preguntó qué tal estaba y me dijo que había estado todo el fin de semana intranquilo pensando en mí. No me podía creer lo que escuchaba y por supuesto fué el primero en escuchar la noticia. No pude ver su cara pero me la puedo imaginar porque no tenía palabras con las que reconfortarme. Poco a poco me fui tranquilizando y me alegré haber recibido su llamada, la llamada de un amigo. Llegamos los primeros a una puerta que tenía un cartel en el que se leía "UVI pediátrica", horario de visitas...... Quedaban 1o minutos para el "pase". ¡Qué crueldad!. Teníamos un nudo en el estómago, no habíamos dormido ni desayunado, nuestro hijo se debatía entre la vida y la muerte y aún quedaban 10 minutos. Aparecieron otros rostros abatidos como el nuestro, otras historias de desesperación que se acercaban a la puerta con la historia aprendida del horario. Estela y yo cada vez más juntos, de la mano, sin soltarnos. En ese momento se abrió la puerta, ¡pasen y vean!. Cada uno iba a su cuna. Estela y yo en fuera de juego, parados en la puerta con cara atónita esperando despertar en cualquier momento muertos del susto y empapado de sudor, pero no, allí estaba David, a la derecha en una cuna, lleno de cables, tubos y botellas. Se nos acerco alguien con cara de angel y nos dijo que estaba muy tranquilo, que en unos momentos se acercaría el médico a darnos toda la información. Estela y yo caímos de golpe en que no estábamos soñando. Ella, David, los tubos y yo. Nos acercamos al niño, estaba dormido y tenía tan buen aspecto que parecía que se despertaría en cualquier momento pidiendo el desayuno, pero no iba a ser así. Levanté la mirada y vi a otros niños en las cunas, otro tubos y otros padres abatidos. No sé porqué pero no estábamos sólos pero me sentía en una sala vacía. El angel que nos hablaba era una de las enfermeras y nos dijo que le vendría muy bien a David que le trajeramos un muñeco y sus cosas más familiares para que no se sintiera tan solo. Lloramos una vez más. Una vez más levanté la mirada y ví a un médico, no era muy alto pero me llamó la atención su cara de tristeza, no tristeza por lo que nos tenía que decir sino que estaba triste porque era así. Pensé que como teníamos poco que sufrir ya si que sería una aténtica tortura aguantar a un intensivista "tristón". Se acercó a nosotros y se presentó. Hablaba pausadamente y de forma un poco monótona. Nos explicó sin rodeos la situación. David había pasado una parada cardiorespiratoria sin causa conocida de 25 minutos de duración que le había llevado a una situación actual de coma superficial y se encontraba estable dentro de su gravedad y que deberíamos esperar 24 o 48 horas para valorar su situación y perspectivas inmediatas. Teníamos tantas preguntas Estela y yo que sólo se nos ocurrió preguntar si le dolía algo. Era evidente que no, pero era lo único que nos importaba. Ahí estaba David. La cara redondita y precioso. Me parecía increible que hubiera sufrido tanto y tuviera ese aspecto sonrosado y sano. Le estaban hidratando y debido al suero estaba un poco inflado. A los pies de la cuna su ropa de la noche anterior dobladita como si el niño fuera mayor y se hubiera preparado para recibir la visita de sus padres. Dormía plácidamente y de vez en cuando movía ambas piernas de forma coordinada con los brazos. El médico nos decía que él creía que no habría un gran daño cerebral en el área motora debido a que esos movimientos eran absolutamente normales. Llegó rápidamente la hora de abandonar la UVI y no echaron educadamente citándonos a las 4 de la tarde para el "segundo pase". Salíamos de forma ordenada, cada uno sujetando como podía sus lágrimas. Estallamos. No podíamos contenernos. Eslela y yo abrazándonos, llorando. Lloramos tanto que cuando se nos acabó el llanto lo intentamos un poco más. Como autómatas nos fuimos lentamente hacia el coche. Habíamos quedado con mis padres para recogerlos en la consulta de fisioterapia que tienen con mi hermano mayor. Llegamos al coche y no hablabamos. Hacía un poco que no llorábamos y temíamos que cualquier palabra desembocara en un torrente de lágrimas. Puse el piloto automático hasta la consulta y a mitad de camino le dije a Estela que veía muy bien a David. Que en un par de semanas estaríamos en casa con él corriendo por los pasillos y que contaríamos a los amigos esta triste historia con final feliz. La verdad es que nunca he tenido dotes de vidente ya que estábamos muy lejos de ese día. Estela estaba destrozada. Yo por dentro igual pero iba construyendo poco a poco mi estructura de hormigón, algo por dentro me decía que la iba a necesitar para mantenerme a mi mismo y a todos los demás. Llegamos a la consulta de mis padres y allí estaban ellos dos. 100 años más viejos. Nunca podré olvidar sus caras. Estaban destrozados igual que yo. Eran ya un poco mayores para sufrir lo que sufrimos la noche anterior. Ellos estuvieron conmigo todo el tiempo y seguramante no habrían dormido esa noche. Al vernos se pusieron a llorar. Nos abrazamos los cuatro y poco a poco fuí informándoles del estado del niño. Como cuatro almas en pena fuimos a comer. Después regresamos a la Clínica. Esta vez venía con nosotros mi hermana Belén que quería estar con nosotros. Nunca podremos agradecer Estela y yo lo suficiente a mi familia lo cerca que los tuv¡mos en este tiempo de absoluta tristeza. Estela y yo no comimos casi pero teníamos la sensación de haber comido una ternera entera cada uno. Llegamos a la puerta de la UVI y allí estaban nuestros compañeros de tristeza. Mi hermana Belén se quedó en la puerta y pasamos Estela y yo. Algo ocurría ya que David no se movía. Estaba extendido totalmente y le habían puesto un tubo de oxígeno. Tenía una vía nueva en el cuello y más máquinas a su lado. Llegó el médico triste a quien ya habíamos bautizado "Dr. Sombra" y nos dijo que David había empeorado de golpe. Había tenido unas convulsiones y que por eso le había entubado. Había dejar de orinar y las transaminasas estaban subiendo. Todo esto indicaba un fallo multiorgánico ya que no funcionaban correctamente el hígado y el riñón. Por otro lado el fallo hepático estaba haciendo que su sangre se llenara de sustancias que en poco tiempo afectarían a su cerebro pero que no podían pasarle ningún fármaco debido a que eran hepatotóxicos. Esperar. ¿Esperar por cuanto tiempo?. Su cerebro ya dañado por la parada cardiorespiratoria estaba librando otra batalla 24 horas después de su mayor ataque. ¿Qué posibilidades tenía David?. ¿Cuanto podría resistir?. Es insufrible ver a tu hijo luchando por su vida y tu eres sólo un espectador. Salimos de la UVI al final del segundo pase y nos encontramos a mi hermana. ¡Qué suerte teníamos!. Sólo necesitábamos un apoyo, alguien con quien llorar y esa era Belén. En días sucesivos tuvimos muchos hombros y siempre estaremos en deuda con todos los que vinisteis al hospital a estar con nosotros. Sólo necesitábamos vuestros hombros y alli estábais vosotros para dejárnoslos. ¡GRACIAS!
MARTES
Mª Jesús empezaba el colegio y era un día muy especial para ella. Estela y yo nos abrazamos para darnos fuerzas. Tras arreglarnos fuimos al colegio a llevar a la niña la cual no paraba de preguntar qué le había pasado a David y cuándo regresaría. Estela se acercó a la puerta del centro y se llevó a la niña, me quedé en la puerta y coincidí con una amiga. Me preguntó qué tal estábamos y sorpendida por no ver a David me preguntó dónde estaba. No olvidaré su cara al saber lo que ocurría, no sabía dónde mirar y se puso a llorar. Es increible, traté de consolarla. Ese día comprendí que debería de ser muy fuerte ya que debería de sostener no sólo a mi familia si no también a mis amigos y a mí mismo. Tras dejar en el colegio a Mª Jesús cogimos el coche.
Una vez más nos veíamos en la M-30 camino de la Clínica. Al llegar identificamos las caras de algunos padres que como nosotros tenían su sufrimiento. Una parja espera por su hijo prematuro y otra sentados, sufrían. Poco a poco nos fuimos haciendo amigos de Ruben y Esperanza y la verdad es que nos sentimos reconfortados compartiendo nuestro sufrimiento con ellos y espero que ellos sintieran lo mismo porque tratamos de compartir el suyo. Abrieron la puerta y ese día estaba otro médico. Cara compungida, profesional y distante. A esta la apodamos enseguida "ladrillo" por la forma que tenía de informarnos. En cuanto nos descuidábamos nos daba una pedrada. Se acercó sigilosamente a la cuna de David y nos explicó a su forma la desgraciada situación de las transaminasas y la urea. Todo subía como la vida misma. Nos dijo que estaban valorando hacer una dialisis peritoneal si seguía parada la función renal. Como es natural le preguntamos su opinión y (si, ya sé que cometimos un gran error, preguntar a un intensivista por las espectativas de un paciente, no volveríamos a cometer semejante error!), ladrillazo, poco más o menos que su vida pendía de un hilo y que se rompería de un momento a otro y ..... bla, bla, bla...... Ese día aprendimos a sobrevivir a los intensivistas. ¿Por qué se empeñan en ponerte en lo peor?. No sería más facil que te explicaran las cosas como son sin más adornos. Los intensivistas son como los políticos, piensan que no estamos preparados para asumir la verdad y te la cuentan a su modo, curándose en salud. Cómo se nota que ellos no sufren!. Por mi experiencia profesional sé que ésta es la forma más cómoda de sobrevivir entre tanto sufrimiento pero la vida en sí es sufrimiento y estoy seguro que a estos profesionales no les gustan los anuncios de la DGT en la que culpan a los conductores de todos los males de la carretera ya que "la DGT también se pone en lo peor" y la gente no tiene capacidad para entender correctamente las cosas.
Salimos hundidos de la UVI y lloramos como todos los días, como si no lo hubieramos hecho ya suficiente. Es curioso la capacidad de sufrimiento que tenemos. Los curas nos dicen que somos débiles, qué sabrán ellos, somos fuertes, muy fuertes, aguantamos todo lo que nos echen y más.
MIERCOLES
Como todos los días tratamos de conseguir algo de rutina a la que aferrarnos. Teníamos grandes problemas para no llorar por cada esquina ya que nos llamaban continuamente por teléfono para interesarse por el estado de David y darnos ánimos. Toda mi familia se había volcado con nosotros y no paraban de demostrárnoslo. Tanto fue así que debido al gran cansancio decidimos apagar los teléfonos a las 9 de la noche y nos ha gustado tanto la experiencia que aún hoy lo seguimos haciendo.
Tanto Estela como yo nos pusimos en contacto con nuestras respectivas empresas. La respuesta de la mía fue simplemente increible. Comuniqué mi problema y recibí toda la comprensión pro parte de mis jefes que nunca podría haber soñado. No obstante me llamó otro gran amigo, Gonzalo, se enteró en seguida del estado de David y ese día sucedió algo increíble. Envió un mail a todos mis compañeros contando lo que le había pasado a David, fué tan emotivo que aún hoy escribiendo estas líneas me pongo a llorar. Trabajo en una gran multinacional con multitud de compañeros. A partir de ese día noté a cada uno de mis compañeros detrás mío. No me llamaban para "no molestar", pero los sentí. Todos los días Estela y yo nos sentamos a leer todos los emails que me enviaban. Había mucha gente que no conocíamos pero que estaban rezando por nosotros. Yo no soy creyente pero me gustaba pensar que si existía un Dios debería estar preguntándose quién sería ese tal David que estaba haciendo tanto ruido.
Como todos los días dejamos a la niña en el colegio, pasamos a dar un beso a mis padres y nos enfilamos camino a la clínica, ese día con mi madre. Entramos a la hora de la visita y recibimos un poco más de información. Tuvimos suerte y ese día estaba Mabel, nuestra doctora feliz. Ella nos informaba con toda claridad pero "sin ponernos en lo peor", entendía nuestro sufrimiento y no trataba de hundirnos más. Cuando nos fuimos le pedimos si mi madre podía echar un vistacillo a David. Por supuesto nos dijeros que sí pero nos pidieron que no pasara de la puerta. Sé que ese día fue muy duro para mi madre pero ella ya no podía más sin ver al niño. Creo que no lo olvidará nunca pero nos ayudó mucho compartir esa imagen con alguien más. Por supuesto al salir ya éramos tres llorando.
Mi hermano Alvaro que vive en Alicante ya no aguantaba más el recibir las noticias desde tan lejos y se presentó con toda la familia en Madrid. Sólo quería estar cerca de nosotros y nosotros también que estuvieran. Pidió unos días de vacaciones y los pasó aquí. Otro al que le debemos tanto. A él y a su familia, Miriam, Alvaro y Nacho que era un bebé.
JUEVES
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